La Era de la Idiocracia [OPINIÓN]
- Sebastián Ramirez Trujillo

- 30 abr
- 4 min de lectura
Se inscribe en el ejercicio de la libertad de expresión y corresponde a una pieza de opinión con elementos satíricos. Las ideas aquí expuestas son responsabilidad exclusiva de su autor.
En 2006, se estrenó una película de comedia, ciencia ficción y sátira con el nombre de Idiocracy, dirigida por Mike Judge y protagonizada por Luke Wilson, en la cual se presenta una sociedad inepta, disgénica, desinteresada por el pensamiento crítico y con una reducida capacidad para articular oraciones, sumado a un gobierno caricaturesco y kakistocrático que provoca una crisis en el sector agrícola y alimenticio al regar sus huertos con Mountain Dew.
Esta pieza audiovisual, aunque pueda sentirse distante de nuestra realidad, es más cercana de lo que creemos. Lo que antes era un espectáculo de absurdismo diseñado para hacer reír, parece más una predicción del inicio de una nueva era para la sociedad, una en la cual la ignorancia, la mezquindad, el odio, la intolerancia, la violencia en todas sus formas y la estupidez se han vuelto no solo el pan de cada día, sino una forma para que figuras de dudosos escrúpulos que harían que los habitantes de Sodoma y Gomorra se sintieran orgullosos, puedan maximizar sus mensajes ideológicos. Sea del espectro que sea, tan caóticos, provocadores y apologéticos a su causa como les sea posible, sin ninguna clase de vergüenza o arrepentimiento por los juegos y apuestas que realizan con la integridad, el bienestar, el buen nombre y la vida de sus opositores y seguidores por igual.
Por esto, me atrevo a decir que nunca había sido tan fácil alcanzar la prosperidad siendo un total imbécil. Al contrario, parece que entre más burradas sea capaz de rebuznar alguien, más seguimiento, aceptación, estatus y, lo más importante, ganancias va a poder exprimir. Incluso si es con la negación y el encubrimiento de uno de los casos de violencia sexual más atroces de la historia, protagonizado por los más altos miembros de los echelones de la sociedad, incluyendo a alguien que, por más improbable que fuera, estaba en línea de sucesión para el trono británico. Sin contar a los jefes de Estado pasados y presentes, varios de la única superpotencia hegemónica contemporánea, sin mencionar a la vergüenza nacional que también salió salpicada.
O algo tan local, pero no menos cruel, como el mismo jefe de Estado colombiano y su ministro encargado de la cartera de salud, dirigiendo la culpa a la familia y a la madre por la muerte de un menor hemofílico —hecho que no se había registrado en 20 años— por la falta de entrega de medicamentos. Sin contar la falta de empatía, responsabilidad y el egoísmo con los damnificados por las inundaciones en Córdoba, en una reunión de ministros que parecía más una citación a la oficina del rector del colegio: apuntando dedos y hablando duro mientras paraban el pecho.
De la situación en redes sociales como X, Instagram y ahora TikTok, solo hay que agradecer que todavía no se ha encontrado la forma de matar a alguien a través de una pantalla, ya que lo que se suponía era un espacio para compartir, culturizar, informar, aprender y entretener, se convirtió en un foso de desinformación, burla, ridiculización y radicalización que no solo modifica a los más jóvenes, sino, con una velocidad y una efectividad aún más alarmantes, a la población adulta. Más preocupante aún es que parece que los jefes de Estado, cuyas agencias de inteligencia han efectivizado su huella digital a lo largo de esta década, ahora las vean como espacios válidos para mantener relaciones diplomáticas y mezclar sus opiniones personales y caprichos con su posición política, sin perder la oportunidad de “echarle carbón al horno” cuando así lo vean necesario, cueste lo que le cueste al resto.
Tal vez entonces, la intención que tengo escribiendo esto es pedir un poco de tolerancia y mesura con nuestras opiniones; invitar al pensamiento crítico y a la reflexión sobre el contenido que consumimos, las ideas que analizamos en nuestro feed y el carácter de los personajes que las emiten; recordar que vivimos e interactuamos en una esfera y que estamos en la misma periferia. Así que invitar a la polarización y la deshumanización del que opina algo contrario no solo es una idiotez, sino hasta potencialmente peligroso.
Ahora, si la idea de la gran mayoría para resolver sus problemas es volver a brutalizarnos como en las épocas de los bandoleros y los pájaros, no hay problema; tengo “una modesta propuesta”, como la llamaría Jonathan Swift, para hacer lo mejorcito con lo peorcito. Regados a lo largo de la concesión costera hay varios terrenos baldíos; propongo que, en una fecha de elección mayoritaria de quienes quieran participar —preferiblemente antes de elecciones—, lleguen allí todos los que han expresado su ansia de violencia con el arma o herramienta que deseen, para que puedan cumplir los deseos que tanto expresan en línea. El o los que queden podrán entonces vanagloriarse de su superioridad a gusto, y el resto contribuirá como fertilizante que beneficie tanto a ganaderos como a los animales.

Excelente e interesante artículo.
Buena forma de decir: basta!
Que buen artículo!
Me acordé del señor presidente leyendo esto. Interesante.
Buenísimo!